Empresarios hondureños importan paramilitares colombianos
De Jorge Luis Ubertalli
Periodista y escritor argentino
La importación de paramilitares colombianos por parte de empresarios hondureños se conjuga con la existencia de Fuerzas Especiales de ambos países, creadas para la guerra sucia.
Ambas expresiones, ilegales y legales, forman parte del arsenal represivo montado para la nueva etapa de la guerra antipopular contra Nuestra América recreada una vez mas por EE.UU. y sus aliados regionales.
Tercerizaciones
La tercerización represiva orquestada desde el aparato del Estado burgués no es nueva ni en Colombia ni en Honduras. Tampoco en el resto del subcontinente. Organizaciones como Patria y Libertad en Chile; Escuadrones de la Muerte en Brasil, Paraguay y El Salvador; Novios de la Muerte en Bolivia; Mano Blanca en Guatemala; Comando Libertadores de América y Alianza Anticomunista Argentina (AAA), y Policías Chulavitas y AUC, entre otras, en Colombia, fueron.
Al igual que todas las demás existentes en Centro y Sud América, financiadas con fondos reservados del Estado, latifundistas, grandes industriales, grandes comerciantes y financistas, empresas transnacionales e instituciones vinculadas a los servicios de inteligencia civiles y militares de los EE.UU. y de otros estados capitalistas. Y también, ahora mas que nunca, con fondos derivados del narcotráfico.
El actual presidente colombiano Alvaro Uribe, través de la fundación de las cooperativas de seguridad CONVIVIR , auspició a mediados de los noventa desde su cargo de gobernador de Antioquia al paramilitarismo encarnado en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que desde 1977 hasta el 2003 asesinaron, desaparecieron y torturaron a 15.000 personas y se apropiaron de 6 millones de hectáreas de tierras.
Uribe, ducho en eso de operar desde blancas alturas, había sido director de Aeronáutica Civil desde marzo de 1980 hasta agosto de 1982. En ese tiempo construyó pistas de aviación utilizadas por el entonces número 2 del Cártel de Medellín, Jaime Cardona, para transportar cocaína.
Ahora, supuestamente en retirada, los paramilitares colombianos han decidido trasladarse hacia otras geografías para ejercer su oficio de sostenedores del orden de los cuchillos y la cocaína en el marco de “democracias” como la de Honduras, teñidas por la impronta del golpe cívico-militar del 28 de junio, o de la nuestra, donde participaron en el asesinato de varios connacionales venidos a menos a través de sicarios implicados con el Cártel colombiano del Valle y del mexicano de Sinaloa.
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