Vende Queso Falso apareció, así, a manera de un aparecido en día de muertos. Y siempre era así, al menos una vez cada cierto tiempo, se aparecía entre los mendigos, a pelear espacio y reposar allí, de vacaciones breves y para sus placeres privados, algunas veces permanece encuevado a las ...
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Palmerolo y los Naguales. Capítulo IV . TRES

-¡Bueno, me siento libre, tengo la libertad de hacerlo! Venir de arriba acá abajo.

-¡Sí, oh, ha de ser chulo, jajajaja, si cada uno pudiera vivir su propia burrada!

-¡Burrada!-exclamó molesto Vende Queso Fresco- ¡Uno vive y punto, esa es mi filosofía!

-¿Así se llama la mujer de usted?-se interesó en saber la vieja- Es un nombre bonito. Yo también me quisiera llamar Sofía.

Él la miró despectivo y con una minúscula risa y dijo ¿Sí?

Hubo un prolongado silencio, por el que se dejó oír el parloteo de los niños en el río, que aparentemente luchaban por bañar a Pijiriche y este les ladraba suplicante. Ellos lo animaban riendo y jodiéndolo, pero insistiendo en meterlo al río. Por momentos lo lograban y el perro saltaba para afuera y se sacudía, rociándolos a ellos sacándoles sobresaltos de frío, que era lo que más disfrutaban, sobre todo, saltando con agilidad para capear las salpicaduras de agua.

-Se van a cagar en el perro, esos cipotes- dijo una vos. Los demás rieron- Si lo mataran y tuviera carnes, bien haríamos un asado esta noche.

-¡Cagarse, mire como él no se cague en ellos, que él es la viva cagada! ¡Yo nunca tocaría ese perro puerco ¡- dijo, y escupió hacia un lado, pero el viento le trajo la saliva rala de regreso, que bañó también a los demás que protestaron y ella les respondió con una risa entrecortada con un tosido seco que la puso en apuros, después siguió riendo.

-¡A vos deberán de bañarte esos cipotes! -Le dijo un viejo.

-Yo propongo que vayamos todos a bañarnos al río, -dijo de improviso Vende Queso Falso-y diciéndolo se fue quitando la ropa hasta quedar totalmente desnudo, corriendo hacia el río, otros lo imitaron y los menos, se fueron a meter de regreso a sus cuevas, como temerosos de algo, no sin antes repartirse las ropas de vende Queso Falso, al que ya se escuchaba chapaletear en el río. Mientras que la vieja, haciéndose la desentendida, se metió entre las sombras, casi desapareciendo por encanto. La niña, se había quedado dormida en la arena. Se oían las voces de alegría, de los nudistas que correteaban en la corriente pacha del río, mojándose unos a otros.

-¡Nos vamos a morir, a morir a morir, -decía uno de ellos, que sólo hacia el gesto de meterse agua y daba de regreso, con intenciones de ponerse de nuevo la ropa que llevaba hecha un puño pegada al pecho.

-¡Morite, cabrón, pero morite bañado!- escuchó que le decía uno y todos explotaron en risas- ¡ jajajaja!

-¡Si querés morirte, mejor vení te ahogamos! -Dijo otra vos

Al oírse esa voz, Vende Queso Falso hizo un gesto con ambas manos y una actitud como de visionario, una energía muy interna lo trasformó y con ella atrapó a los demás.

-¡Buena idea!- Exclamó- ¡Por qué no lo ahogamos por cagado?

Se mantuvo el silencio.

-¿O lo ahogamos a él, o nos ahogamos todos por cagados!-Agregó

Siguió el silencio, sólo el temeroso, comenzó a reírse de nervios.

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